HISTORIA

No fue fuego cayendo del cielo, ni terremotos que partieran la tierra. Tampoco fueron guerras catastróficas que redujeran las ciudades a cenizas. El fin de los hombres ocurrió en pocos años, los ancestros, aquellos seres de carne y hueso con piel suave que una vez dominaron el planeta Primalis, se extinguieron por completo.

La extinción humana fue silenciosa. Un día, Primalis se iluminó por completo, una luz extraña y confusa que dejó el mundo paralizado. Los humanos lo llamaron «Ícor». Esta luz extraña no solo se manifestó como una simple luz, sino como una radiación de energía pura que envolvió el planeta. Esta luz de Ícor no destruyó las ciudades, pero trajo consigo una frecuencia que el cerebro humano no pudo soportar.

En cuestión de meses, la humanidad sufrió un proceso de desconexión biológica total. Todo comenzó con una pérdida absoluta de la voluntad: los humanos dejaron de sentir la necesidad de alimentarse o luchar, volviéndose prácticamente seres inertes. Se sumieron en un letargo profundo, un sueño eterno mientras el mundo cambiaba a su alrededor a toda velocidad. 

Poco después comenzó el rechazo del ADN humano: los seres humanos no estaban capacitados para soportar una radiación de tal magnitud, cosa que para los animales fue un catalizador de evolución, tanto así que mutaron. Para el hombre fue un veneno inhibidor que apagó por completo su chispa vital.

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